viernes, 24 de abril de 2015

Un año después...


Diabetes tipo 1
Nivel de glucosa: 87


Hace exactamente un año estaba en un entrevista en el Hospital General, me sentía demasiado cansada y débil, pero supuse que era por el cansancio del vuelo de regreso de Miami, mientras realizaba mi trabajo, sentí que ya no podía más y no pude mantenerme en pie.

Mi nivel de glucosa era de 393 en ayunas (una persona sana debe estar en 90 aprox), de ahí me mandaron a Urgencias y lo demás es historia, finalmente el diagnóstico salió, tenía diabetes tipo 1 y necesitaría inyectarme insulina de por vida.

He escuchado decir a varios padres de niños con diabetes, que perdieron muchas amistades y su familia se alejó cuando supieron del diagnóstico, yo no sé lo que hubiera pasado conmigo y mi familia si mi diagnóstico hubiera sido en mi niñez o adolescencia.

Las cosas hubieran sido más difíciles, eso es seguro, esta enfermedad cuesta y bastante, además, si ahora la información es poca, me imagino que en esa época (no estoy tan vieja, pero sí soy antes del internet) era menos, y había más incertidumbre y falta de tacto por parte de médicos, lo digo porque aún ahora lo hay, con todo y sus campañas de sensibilización, con mayor razón en ese entonces.

Agradezco que me haya tocado ahora de grande, me es más fácil comprender y ayudar a mis papás a entender esto sin que tuvieran que preocuparse por mis hipoglucemias o por conseguir mi medicamento/suplementos.

Pero si algo me da gusto es que la enfermedad no me hizo perder amigos, al contrario, gané una familia, la respuesta de las personas cercanas a mí fue de apoyar, ayudar y sobre todo educarse junto conmigo sobre lo que estaba pasando, quisieron saber qué hacer si yo llegaba (o llegó) a estar en una crisis, cómo aplicar las inyecciones, qué tipo de medicamento uso, qué datos dar a un paramédico o médico si yo no estoy en posición de hacerlo, regañarme por sólo sentir antojo de algún postre; o incluso desear ponerse la inyección en mi lugar, aunque en realidad no se pueda hacer.

Y por otro lado mi nueva familia, esa de niños y padres que están en la misma situación que yo y que me enseñaron que no era la única y que el dolor y la frustración que yo estaba sintiendo iba a pasar, pero tenía que hacerlo a mi tiempo, y que en ningún momento iba a pasar por esto sola.

Me siento agradecida, esta condición de vida no sólo me hizo valorar mi vida, sino también esos pequeños placeres que la gente que ya está acostumbrada ya no sabe que lo son; el placer de comer sin contar carbohidratos, comerse un raspado de cajeta, tomarse una soda, así que cuando lo hago (excepto la soda, me sabe a miel) es un placer que intento disfrutar lo más posible.

Y también me hizo ver que estoy rodeada de gente que me quiere, que en verdad he sembrado buenas amistades, muchas de ellas que considero mi familia, que han hecho por mí, lo mismo que yo haría por ellas, el simple hecho de estar, de preguntar, de escuchar, eso ya significa mucho, porque es más de lo que han hecho personas que yo sí consideraba por demás cercanas.

Feliz cumpleaños diabetes, que vengan muchos más!...





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