Nivel de azúcar: 167
Ya tenía rato sin escribir, muchas ocupaciones, estrés, trabajo, pendientes, pero bueno, por fin es sábado de guardia y de inspiración.
Por el tipo de insulina que uso, los picos son comunes, así como las hipoglucemias, es decir, se me baja el azúcar, y casi siempre sucede en la madrugada, cuando ya llevo horas dormida.
Todo comienza con una pesadilla, no le había dado tanta importancia hasta que vi que las madres de otros pequeños en mi situación platicaban del tema, que sus hijos despertaban por pesadillas, su nivel de glucosa era peligrosamente bajo.
Continúo, me despierto con una pesadilla, mis papás mueres, mis perros son maltratados, a Christian le pasa algo, lo que sea que haga que me levante, cuando abro los ojos no sé donde estoy, tardo en enfocar porque me siento mareada, todo gira.
Al tratar de incorporarme y levantarme por agua o el glucómetro, mis piernas me traicionan y caigo, procuro no alejarme mucho de la cama, al menos para caer en blandito, las últimas dos veces no he podido hablar, me comentario que es porque se me inflaman los ganglios y se me traba la mandíbula; además, no dejo de temblar y de sudar como si estuviera en un sauna.
Ninguno de esos síntomas me produce dolor, sólo frustración y desesperación, no poder emitir un sólo sonido, y perder por completo el control de mi cuerpo, no valerme por mi misma, como estoy acostumbrada, entonces ¿qué hago?.
En esas ocasiones he tenido la fortuna de que Christian está conmigo, y con un golpe que le de, o él mismo al sentir cuando caigo, se da cuenta y corre a la cocina a conseguirme algo con azúcar; al principio no sabíamos de estas crisis, así que después del cambio de hábitos, no había nada con azúcar en la alacena, pero luego aprendimos.
Ahora aprovecho estas crisis para comer lo que generalmente no puedo, sobre todo cereal, me encanta el fruti lupis!, me tomo un jugo de 200 ml, o si no estoy trabada, disfruto de un chocolate; trato de verle el lado positivo a todo, porque siempre lo hay, aunque en el momento sienta que la vida se me va.
Cuando las hipoglucemias me pasan de día, la cosa es distinta, estoy bien un momento, y 5 segundos después ya estoy temblando; me monitoreo constantemente, dos horas después de comer, y por si acaso tomo o como algo que no debo o una porción mayor, me mido después (sí, mis dedos ya no sienten lo duro, sino lo tupido); pero no sé por qué pasan, hago todo lo que mis doctores me indican, así que sólo se lo atribuyo a que mi páncreas se vuelve loco.
Esta semana me pasó dos veces, una de ellas en el cine, me había medido el azúcar 20 minutos antes, estaba en 117 (eso es muy buen nivel); cuando entré al cine, sentí como si en cada escalón hubiera dejado varios mg de azúcar, mi nivel ya estaba en 65, dije "de aquí soy" ni tarda ni perezosa pedí una crepa de lechera, pero tardaron hooooras en entregarme el pedido, cada vez bajaba más, hasta que Christian pidió una soda, y me quedé ahí hasta que recobré fuerzas para caminar.
La segunda vez pasó hoy, apenas iba llegando a casa de un amigo, y en el trayecto del carro a la mesa ahí quede, tuve que sentarme porque ya no tenía fuerzas.
La diabetes es una enfermedad que no duele, debo agradecer eso, que dentro de las enfermedades que me pudieron tocar, me tocó una que no me genera dolor, pero cada vez que tengo estas crisis, siento que ya no me voy a poder levantar; tardo tanto en recuperar la fuerza de mis piernas, de que vuelvan a tener sensibilidad, que pienso que nunca va a llegar; sin dolor, siento que la vida se me va y no puedo hacer nada para evitarlo.
Probablemente sueno muy exagerada, tomando en cuenta que hay personas cuyo padecimiento genera mucho dolor, desgaste físico y emocional, estoy consciente de eso; también puedo entender porque los diabéticos tipo 2 no hacen mucho por cuidarse (no generalizo, sólo digo que son la mayoría 70% aproximadamente de acuerdo al IMSS e Isesalud de Baja California), porque no hay dolor que les recuerde que están enfermos.
La mayoría hace algo cuando ya tiene alguna complicación, ya no ven, tienen problemas renales, les falla el corazón, el cerebro, es entonces cuando deciden hacer algo, pero antes no, porque si no duele, significa que "todo está bien", además, a ellos no les dan estas crisis, estamos mal.
Cuando la crisis pasa, me da mucho frío, me cae el 20 de lo que me pasó, y de vez en cuando se me sale una lágrima, como niña indefensa, así me siento en ocasiones, no me puedo defender de mí misma.
¿Por qué nos da tanta sed?
La sed y las constantes ganas de orinar son síntomas de diabetes, e incluso la manera en que se llega al diagnóstico, pero ¿sabes a qué se debe esto?, ¿qué reacciones químicas pasan en el cuerpo?
De acuerdo con el portal www.informatioaboutdiabetes. com, la diabetes es una condición caracterizada por un exceso de azúcar en el cuerpo, ya que no puede entrar a las células y convertirse en energía, y en su lugar, se queda en el torrente sanguíneo.
Al seguir en la sangre, el azúcar llega hasta los riñones, cuya función es filtrar las impurezas de la sangre y expulsarlas a través de la orina; pero cuando el azúcar se acumula en estos órganos, empiezan a trabajar de más para deshacerse de ella.
Ante esto, los riñones necesitan más líquidos para manejar el volumen extra de azúcar, por lo que comienzan a generar más orina, lo que manda la señal al cerebro, de que necesita no está teniendo la suficiente hidratación.
El cerebro responde generando sed excesiva, para que la persona tome más agua y los riñones puedan seguir expulsando el azúcar extra en el cuerpo; sin embargo, el problema se incrementa, cuando en lugar de agua, los pacientes consumen más bebidas azucaradas como jugos o refrescos.
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